MAGRITTE

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jueves, 4 de noviembre de 2010

LA EDUCACIÓN DE LA CREATIVIDAD


Sir Ken Robinson, experto que preconiza un sistema educativo que enseñe a innovar
"La creatividad se aprende igual que se aprende a leer"
LLUÍS AMIGUET  - 03/11/2010

Tengo 60 años: irrelevantes cuando eres capaz de crear como un niño, y todos somos capaces si queremos. Nací en un barrio humilde de Liverpool, como los Beatles, creativos sin escuela. No soy buen gregario, así que no tengo partido, pero sí política. Colaboro con el Foro HSM

Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima  dibujando. Le pregunté: "¿Qué dibujas?". Y me contestó: "La cara de Dios".

¡. ..!

"Nadie sabe cómo es", observé. "Mejor - dijo ella sin dejar de dibujar-,ahora lo sabrán".

Todo niño es un artista.

Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse... Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.

Los niños también se equivocan. 

Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.

Los exámenes hacen exactamente eso.

 No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.

¿Se puede medir la inteligencia?

La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.

¿Cuál es ese tipo de talento? 

Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.

La mano de obra aún es necesaria.

¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.

Pero se nos repite: ¡innovación! 

La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición

No hay nada más pasivo que una clase.

¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.

¿Cuáles son las consecuencias?

Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.

Tipos con suerte...

Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.

"Sé humilde: acepta que no te tocó".

¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.

¿La creatividad no viene en los genes?

 Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.

Por ejemplo... 
Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George Harrison... ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!

Y... 
Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.

A pesar del colegio, fueron genios.

A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque "desafinaba". A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet...

Ahí, sir, acertaron de pleno.

Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.

¿Una niña hiperactiva?

Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y... ¡estaba bailando!

Pensando con los pies.

Es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.

Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.

Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados. 




jueves, 21 de octubre de 2010

APRENDER A EQUIVOCARSE

                     
Una de las virtudes-defectos más cuestionables: el perfeccionismo.

Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.

Así es, como decía Maxwel Brand: "Todo niño debería crecer con la convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error".

Por eso, en las personas, siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen. Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.

Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.

Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto que un niño roto".


Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale realmente la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.
  

José Luis Martín Descalzo


martes, 12 de octubre de 2010

¿CÓMO SE APRENDE CUANDO LA TELEVISIÓN ES EL PRINCIPAL PROFESOR DE NUESTROS NIÑOS Y JÓVENES?



Es más que usual que los niños y jóvenes rehúsen leer o acceder a la información que necesitan a través de los medios escritos y cada vez lo hagan más a través de los medios audiovisuales o la imagen. Esto nos tendría que hacer reflexionar más. El medio a través del cual se accede a los conocimientos básicos con los que luego se desenvuelve nuestra conciencia para decidir una vez más no es neutral, no es lo de menos. El fin es a los medios lo que el árbol a la semilla. Un medio tan poderoso como la televisión, que precede y es simultáneo a la escuela y otras instituciones que exigen la lectura y la escritura, no puede ser analizado sólo desde los contenidos que transmite, ni siquiera desde la especificad de su lenguaje audiovisual. Exige también, para los educadores, una reflexión sobre epistemología.

La epistemología, que es una de las fuentes primordiales de todo proyecto educativo, se hace preguntas del estilo: ¿Qué se aprende?, ¿Cuál es el objeto del conocimiento?,¿ Cómo se aprende? La propuesta de lo medios de comunicación audiovisuales está básicamente sostenida en la imagen-símbolo. Nos atrevemos a señalar aquí más detalladamente las características en las que los expertos coinciden con relación al modo de aprender que supone este modelo de acceso al aprendizaje:

Asimilación acrítica e irreflexiva de la información que se presenta bajo el mito de la “objetividad” de la imagen directa. Ver es igual a comprender. 

El criterio de verdad está directamente relacionado con la percepción de la imagen directa de la realidad a través de una cámara. Es verdad…lo que dice la tele que es verdad. Todo el mundo sabe que la imagen es tremendamente manipulable. Muchos tienen experiencia de ello cuando simplemente han hecho una fotografía de algún lugar. Pero esta premisa ha forjado en la mente de los jóvenes un criterio inconsciente de gran consistencia.

Asimilación de estereotipos como herramientas del conocimiento. 

Estereotipos muy difíciles de desmontar y que son básicamente de índole sensorial, intuitivo y emocional. Sobre séxo, género, raza, condición social,… La realidad que presentan los medios de comunicación está tremendamente estereotipada. Lo bello, lo bueno, lo feo, lo malo, lo correcto, lo incorrecto, … transcurre según prototipos perfectamente estudiados. Ningún programa descuida estos estereotipos sin arriesgarse a ser censurado.

Necesidad de hiperestimulación para mantener la atención. 

La estimulación requiere la captación rápida de todos los sentidos y la velocidad y el cambio permanente. El plano de la percepción al que van destinadas las imágenes es metalingüístico, va más allá de la lógica de la conciencia. No es subliminal sino tremendamente primario, intuitivo, emocional. Eso exige el concurso de trucos cada vez más sofisticados para mantener la atención de la audiencia, para conseguir ese estado de hipnosis en el que casi nos quedamos cuando vemos la tele. Eso provoca también que cuando estamos ante chicos educados en esta forma de estar atentos nos encontremos lo difícil que es mantenerlos atentos o concentrados con otros medios más tradicionales como la comunicación oral o escrita, que requieren otras vías de atención más fragmentarias.

Fragmentación del conocimiento. 

Dificultad para sintetizar, asimilar , reconstruir con sentido, reflexionar sobre toda la información fragmentaria imbuida. La realidad está construida como un suma y sigue de informaciones que se dan por verdaderas y que se superponen a la velocidad de la luz, sin disponer de espacios de reflexión o asimilación crítica de lo que se asume como verdadero.


Pasividad y aislamiento en la realidad virtual. 

Lo virtual, la imagen, el contexto que ella crea, los estereotipos mentales que ella crea, las conversaciones que ella estimula, los mensajes, el lenguaje que ella crea, … son LA REALIDAD. Un muchacho que contempla todos los días delante de sus narices la violencia de la pobreza o de la agresividad, solamente la da crédito, credencial de veraz, cuando la contrasta con la información que aparece en su pantalla de televisor, computador o celular. Además el medio promociona una cultura del espectador. Todo lo más interactuando, participando en la realidad virtual con alguna interferencia consentida. Pero siempre como individuo, aislado en un espacio y en un tiempo virtual. Esta cultura tiene mucho que ver con la ausencia de un compromiso con la realidad, incluida la más cercana y palpable.

Alienación. Enajenación mental. Las posibilidades de manipulación de un sujeto educado con este acriticismo son inmensas. 

La primacía de la imagen o el audiovisual sobre la escritura y la lectura. Esto es, de la percepción sobre la abstracción, lo sensitivo sobre lo conceptual, la forma sobre el contenido, el espectáculo sobre la reflexión, lo concreto sobre lo simbólico. Estudios sobre la imagen nos desvelan su intención de alimentar el universo mental preverbal y transracional. Ha nacido una nueva definición de analfabetismo. No sólo el que no sabe leer y escribir sino el que piensa que apenas es necesario porque está perfectamente convencido y seguro de saber funcionar en este mundo virtual. Desposeido no sólo del lenguaje sino de la verdad de su experiencia. La verdad la determina no la experiencia reflexionada… sino la tele.


Manuel Araus

Publicado en el blog “educación para la solidaridad”